Cuando Hurtado renunció

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A esta hora, ya no es noticia que Alberto Acosta renunció a laPresidencia de la Asamblea Constituyente. La razón principal para la renuncia está en la diferencia de criterios entre Acosta y Rafael Correa sobre la duración de la Asamblea. Correa quiere que la redacción termine en el plazo de 6 meses más 2 que fijó el Estatuto y Acosta prefiere que, aunque la redacción se tarde un poco más, el texto tenga calidad.

Puede entenderse que mientras Acosta imagina que la Constitución va a ser votada si es materialmente buena, Correa imagina que el SI ganará si se cumplen los plazos y formalidades establecidas en el Estatuto. También podría pensarse que Correa privilegia el respeto al estatuto para asegurarse que el referéndum se haga lo más pronto, antes de que comience a bajar su popularidad…

Información urgente: En los diarios se informa que el gobierno quiere que el bloque de la lista 35 vote en bloque a favor de la renuncia de Acosta. Mientras, en los blogs de muchos asambleístas se propone rechazar la renuncia planteada. Será de esperar a ver cómo desarrollan los eventos en la jornada, pero por lo pronto, resaltamos que Acosta ha recibido un irrestricto respaldo de Pachakutik, grupo político que lo lanzó a la Asamblea de 1997-98.

Entre las cosas sorprendentes: Fernando Cordero se negaría a asumir la presidencia. Además, periodistas especulan que César Rodríguez sería elegido Presidente por la lista 35. Otra: PSP se regocija con la “pelea entre compadres”.

Una que no sorprende: La página  de la Asamblea no fue actualizada en todo el día desde la 1 de la madrugada pasada, sino hasta las 13hoo, pero no se ha informado sobre la renuncia de Alberto Acosta, aparte de la convocatoria para el pleno de hoy.

Como todavía no he aprendido futurología, dejo las especulaciones para otras páginas y mejor les cuento cómo fue cuando renunció Oswaldo Hurtado a la misma función, hace casi 10 años. Además, hay quien dice que el pasado es profeta del futuro:

Oswaldo Hurtado fue elegido asambleísta por Pichincha y lideró el bloque de la Democracia Popular, que era el segundo bloque más numeroso en la Asamblea. El más numeroso fue el Social Cristiano. La lista 6 pudo presionar para tener la presidencia, pero meses atrás se negoció un acuerdo PSC-DP por el cual se eligió a Heinz Moeller Presidente del Congreso (que no cerró) y a Alexandra Vela como Vicepresidenta. En la Constituyente, los papeles se invirtieron, y al PSC le correspondió la primera vicepresidencia, a través de Luis Mejía Montesdeoca, un cacique de Imbabura que en aquella ocasión corrió bajo el auspicio del PSC y del partido de gobierno de Fabián Alarcón.

Hurtado.  Otra coincidencia: en las elecciones le dijeron “sandía”: Comunista escondido tras un color verde.

La segunda vicepresidencia correspondió a la ID, como concesión graciosa de la mayoría a los grupos minoritarios. El acuerdo PSC-DP ha quedado para la historia como “la aplanadora”, pero ese mote en realidad se lo ganaron después de terminada la Constituyente: en el Congreso elegido para el período 1998-2002. Antes, en la Asamblea, socialcristianos y demopopulares se habían esforzado en consensuar con los grupos de minoría. De hecho, muchos de los artículos fueron aprobados por mayorías superiores a la simple suma de los votos de PSC, DP y el partido de Alarcón (derecha). Otros, fueron aprobados por unanimindad. En la tarea de sumar votos y redactar textos que sean de común acuerdo, tanto para la mayoría como para la minoría, jugaron un papel esencial Gloria Gallardo (PSC hoy PRIAN) y Alexandra Vela (DP).

Entre los temas en los que primó la tesis de la minoría, se destacan: la creación de derechos colectivos y derechos difusos, el reconocimiento del Estado como plurinacional, la aprobación de la justicia indígena, la reglamentación del derecho a la comunicación, los porcentajes mínimos para salud, educación y educación universitaria, entre otros.

Sin embargo, la piedra de toque fueron los artículos de Seguridad Social. Mientras el PSC y un grupo de la DP abogaban por un artículo que permita a los afiliados elegir entre asegurarse con el IESS estatal o con administradoras de pensiones privadas, otro grupo en la DP estaba en contra por razones ideológicas. Un tercer grupo dentro de la flecha verde estaba, en fin, en contra de cambiar al IESS por razones electorales: se acercaban las elecciones y no se quería afectar con un tema polémico a la candidatura de Jamil Mahuad.

En una votación dividida dentro del bloque de la DP, se decidió mantener el monopolio estatal de la Seguridad Social, entre los dos bloques que se oponían a esta reforma. La diferencia de votos fue mínima, pero motivó la renuncia: Hurtado anunció que no podía seguir dirigiendo la Asamblea puesto que el rechazo a su tesis significaba que había una nueva mayoría a la cual él no representaba. La prensa recogió el gesto como una costumbre de países europeos, pero desproporcionada para la realidad local.

El resultado: Luis Mejía Montesdeoca presidió el resto de sesiones con el mismo equipo de Hurtado en la Presidencia y Secretaría. La Asamblea no alcanzó a terminar su trabajo dentro del plazo señalado y tuvo que extender su trabajo. Como el PSC estaba en contra de esta extensión, se retiraron en bloque de las sesiones y no aparecieron más.

Cuando la Constitución estuvo terminada,  fue presentada en Riobamba el 5 de junio, aniversario de la revolución liberal. Para entonces las diferencias con Alarcón y con el, para entonces, presidenciable Jamil Mahuad, fueron tales, que prefirieron enviar el texto directamente al Registro Oficial y separar esa institución del poder Ejecutivo.

Acosta. No solo los lentes y la forma de explicar son iguales. Es un académico serrano cuyo proyecto político fue eclipsado por un jóven presidente carismático.

Una respuesta to “Cuando Hurtado renunció”

  1. Fátima Says:

    “Oswaldo Hurtado fue elegido asambleísta por Pichincha y lideró el bloque de la Democracia Popular, que era el segundo bloque más numeroso en la Asamblea. El más numeroso fue el Social Cristiano. ”

    10 años después ni el PSC ni la DP están entre nosotros, al menos no como fuerza importante. Esa moraleja la deberían aprender algunos partidos políticos.

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